miércoles, 20 de noviembre de 2013

Érase un hombre a una cámara pegado......



Érase un hombre
a una cámara pegado.......

Pipo Fernández (Madrid 1959) es EL FOTO-FIJA, así, con mayúsculas, del

cine español moderno. Tal reconocimiento le viene de sus propios

compañeros del medio cinematográfico, al que llegó como fotógrafo de

escena en Redondela (Pedro Costa, 1986) y Jarrapellejos (Antonio Giménez

Rico, 1988).

Aquellas dos películas fueron el principio de una fecunda y brillante carrera

(tres décadas, por ahora) hasta convertirse en el nº 1 de su gremio. Resulta

común oír que “hablar de foto-fija en el cine de España es imposible sin

mencionar a Pipo Fernández”, que hacer alusión a dicho oficio en nuestro

país supone referirse a su persona… Retratista de la verdad del séptimo arte

y de los seres que lo realizan, este maestro de las instantáneas es, en efecto,

crónica viva de un cine cuya memoria contribuye a fijar desde la fotografía.

La exposición Estuve aquí ofrece un mosaico formado con teselas hechas de

experiencias y mirada experta, las de quien ha inmortalizado en la eternidad

de la imagen fotográfica la historia de nuestra cinematografía reciente, tanto

la oficial como la intestina; también su memoria sentimental. A Pipo debemos

muchas de las imágenes que definen al cine patrio, el álbum de recuerdos de

tantos y tantos rodajes (intrahistoria impagable); por no hablar de esos

reportajes donde revela a los técnicos metidos en faena, plasmando con ojo

perfecto el espíritu de tan noble profesión en acto de servicio. Muchos

confiesan tomar conciencia de lo que auténticamente son, dentro del sueño

del cine, cuando se ven en una foto de Pipo.

Entrañable, generoso, divertido, Pipo ama al cine y a sus gentes con la

misma pasión que demuestra hacia el trabajo que desempeña. Célebre entre

cineastas y actores es su capacidad para transformar el frío momento de

todo photocall en un rato agradable, en territorio amigo, casi familiar. A cada

rodaje, estreno o evento les gusta saber que Pipo está ahí: gracias a él, se

sienten de inmediato como en casa. Además, su presencia da fe de la

relevancia del acontecimiento. Porque Pipo Fernández no sólo es fotógrafo

de cine: es “el fotógrafo de cine”.